Ricardo Bellés

Madrid

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PLAZA DE LA PROVINCIA

 

 

   En la Plaza de la Provincia, hace tiempo que una fuente cerraba dicha plaza; esta fuente estaba coronada por una bella estatua de Orfeo, el duditativo, el que desconfiaba de Eurídice.

 

                              El que fuera edificio de Ultramar, hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, fue también cárcel de Corte:

 

                                           ir a dormir bajo el ángel

 

                             Así les decían a los que llegaban presos, pues en lo alto de la fachada de este edificio existía el Ángel de la Fama.

 

                             Ver entrar a gentes detenidas por la Justicia a ese edificio, lleno de oscuras e infectas mazmorras, nos hacen recordar que la razón es don de Dios, y también las pasiones; la razón es tan culpable como la pasión.

 

                             De las miserias y horrores del interior, estaba la alegría y belleza del exterior, pues en las mismas puertas de la cárcel de Corte, existía el comercio de plantas y flores, conseguidos por el esfuerzo del trabajo del hombre, de pasar hambre y frío, con contacto con la naturaleza, con su lucha con poderes exteriores, con su enfrentamiento consigo mismo en la tierra. En nuestro tiempo, en que la tierra se puebla cada vez más, surge la amenaza de los demás hombres, que hacen valer su derecho a las riquezas de la tierra. En los tiempos de esos hombres que vendían naturaleza en la Plaza de la Provincia, se veían frente a la naturaleza; la naturaleza poblada por todo tipo de seres vivos era un reino que vivía según sus propias leyes y en la que debía encontrar su lugar de alguna manera. Pero en nuestro tiempo vivimos en un mundo tan profundamente cambiado por el hombre que por todas partes, ya sea manejando los aparatos de la vida diaria, comiendo los alimentos preparados por máquinas o recorriendo el paisaje transformado por el hombre, siempre nos hallamos ante las estructuras creadas por el hombre; en cierto modo siempre volvemos a enfrentarnos con nosotros mismos;  seguramente hay partes de la tierra donde falta mucho para que este proceso haya concluido, pero es de suponer que tarde o temprano la dominación del hombre en lo que esto respecta será absoluta.

 

                         Un buen día, el visitante manifestó:

 

             No en el espacio he de buscar mi dignidad, sino en el orden de mis pensamientos. ¡Aunque poseyera mundos no sería más rico!. A través del espacio toma posesión de mí el universo y me devora como a un punto; a través del pensamiento yo tomo posesión de él.