Ricardo Bellés

Madrid

rb.ricardobelles@gmail.com

 

 

PLAZA DE LA VILLA

O

PLAZUELA DE SAN SALVADOR

 

 

 

 

 

 

Casa y Torre de Los Lujanes, Casa de la Villa, Casa de Cisneros, más la romántica casa de los condes de Oñate, trazas medievales, mudéjares y góticas, como granos de una granada forman un “todo”, como es la Plaza de la Villa de Madrid.

                                 Cuando miramos esta plaza, vemos belleza, grandeza, sublimidad, fortaleza y el poder de la alegría o el poder de la destrucción manifestados en ella. Nos sentimos atraídos o repelidos por sus manifestaciones históricas, inmersas en algunas de ellas, absortos. Hay un vínculo inevitable entre lo que vemos y sentimos, del pasado con nosotros mismos.

                               Los atributos de la Historia proporcionan esta conexión. Cada edificio manifiesta algún poder del hombre. Su alegría o su cólera, su amor o su magnificencia emanan de sus piedras, por esta razón es por lo que nos sentimos atraídos o repelidos por la energía que emana esta plaza; no hay un límite a estas manifestaciones mientras el proceso de la creación exista.

                               Enseñar la Historia significa hacer al hombre consciente de la esencia de sus obras. Esta consciencia implica con conocimiento completo; el conocimiento completo es imposible sin que la esencia se haga parte del ser. Enseñar   la historia de esta Plaza de la Villa y la de sus edificios implica, pues, implantar las esencias dentro del ser del visitante.

                               Por consiguiente, la Historia nos ordena que la recordemos y nos acerquemos a ella nombrando sus hechos. Su nombre propio es Historia y sus atributos son innumerables; recordemos que su significación es: búsqueda, averiguación o su derivación como “sabio”, “conocedor” y “yo sé”. La Historia con sus hechos y obras nos enseñan algunos de sus atributos; al describir el sentido y significado de estos atributos a los que refieren sus “obras”, han satisfecho una necesidad que sentía desde hace tiempo el hombre.

                              Aunque se han escrito muchos libros y tratados filosóficos sobre los hechos de la Historia, apenas existe un libro que reúna tan sucintamente las sensaciones energéticas que a todo visitante y buscador, le gustaría conocer. Que sean las propias obras y hechos de la Historia, instrumentos para guiarles cuando visiten esta Plaza de la Villa, antiguamente Plazuela de San Salvador, rodeada de edificios que son prueba de la existencia y de la unidad de la plaza..

                              ¡Oh, tú visitante que estás cargado y preocupado por el peso y sufrimiento del mundo material, que la energía de ella haga un dulce bálsamo para tu corazón cansado; aprende, comprende y observa; busca la huella de los atributos de la Historia. El que duda encontrará la seguridad; el ignorante la sabiduría; el que niega, la prueba; los prepotentes inclinarán la cabeza y se extinguirá el fuego envidioso.

                               El hombre que visita la Plaza de la Villa, no será recibido por ella hasta que no se identifique con ella; y si él no reconoce que ellos dos no son más que uno, pues no hay lugar para dos “voces”.