Ricardo Bellés

Madrid

rb.ricardobelles@gmail.com

 

 

PLAZUELA DEL CONDE DE BARAJAS

 

      

             Detrás de la plazuela de San Miguel y hacia Puerta Cerrada, se halla escondida la plazoleta del Conde de Barajas, en una rinconada con forma irregular, donde destaca la casa principal de los condes de Barajas, y donde más tarde fue ocupada por la Comisaría general de la Santa Cruzada, en cuya fachada existió una inscripción en la que se podía leer lo siguiente:

                            

            "La verdad ha llegado y se ha disipado lo falso.

Ciertamente lo falso está

  destinado a disiparse.”

 

             Esta expresión nos hacer recordar en lo que se llama la “Tradición del Libro” o “Pueblos de la Escritura”. Dicha tradición, secularmente transmitida por los pueblos semitas, se ha desarrollado ininterrumpidamente desde los primeros tiempos históricos.

             La concepción básica derivada de su creencia fundamental es el monoteísmo, es decir, la consideración de que sólo existe una Realidad Creadora a la que el hombre debe adoración. Esta tradición ha sido considerada como unitaria. Esta tradición es la unitaria de los semitas, tanto la de los judíos como la de aquellos cristianos que la autoridad romana denominó como herejes – sobre todo los arrianos – por no aceptar ciertos dogmas.

           La concepción indoeuropea nos habla de una Naturaleza poderosa y llena de misterio que el hombre “tiene que conquistar y dominar”. Aquí, en estas piedras de la sede de la Santa Cruzada de la plazuela del Conde de Barajas, por el contrario se nos habla de la responsabilidad que tiene el hombre sobre las demás criaturas en virtud de una superioridad que ya posee: el lenguaje y la escritura, algo así como una razón ya establecida y propia. No es una concepción ni dominadora ni imperialista ya que no se habla del derecho sino de la responsabilidad.

         Parece como si Europa hubiera dicho: cristianismo sí, pero no el cristianismo unitario de los semitas, sino el trinitarismo idolátrico acorde con la sensibilidad indoeuropea. Esa Europa, que había sido secularmente civilizada por los pueblos semitas, quiere hacer uso de los logros que estas culturas le aportaron pero quiere hacerlo a su manera, sin renunciar a su actitud idolátrica. No es casual que la Europa Moderna haya tenido una actitud de manifiesta superioridad y autocomplacencia.

         Prisionera en sí misma, ha querido “civilizar” a su manera a las otras culturas, olvidando la histórica deuda que contrajo con ellas, tachándolas de “atrasadas” y no viendo en ese atraso las consecuencias de una política militarista y colonial, sino su propio sentimiento de superioridad, como estructura vencedora.

         Por eso las sociedades autoritarias adoran a las imágenes porque refuerzan la cadena de mando a todos los niveles de la jerarquía.

         De pie en esta plazuela del Conde de Barajas y mirando la fachada de la antigua sede de la Santa Cruzada, dice el visitante estos versos:

 


 

La grieta que abrió la arquitectura

no dejó huella en el mundo de lo visible

sino una herida abierta en tu memoria.

A su través la construcción intacta

indiferente a esos seres que soñaban la vida.

 

La realidad es ahora, ningún sueño,

quien abre la grieta y te desuela

la naturaleza de lo creado

y el destino común de la criatura. 

Te invita sobre todo a la meditación

y a un sincero silencio.

Te invita a la Conciencia.