Ricardo Bellés

Madrid

rb.ricardobelles@gmail.com

 

 

PLAZUELA O COSTANILLA DE SAN ANDRÉS

 

 

             Inmerso está el visitante en un sin número de nombres: Cuesta de los Ciegos, La Morería. Don Pedro, Puerta de Moros, Puerta Cerrada, las Cavas de San Francisco y San Miguel, Del Granado, Del Yesero, De Los Mancebos, Del Aguardiente, Del Toro, De La Redondilla... se diría que tuviera en su mano una granada y que la estuviera desgranando, cayendo sus granos en el suelo del centro de la Costanilla de San Andrés, alejándose algunos de ellos por la calle sin puertas, y otros tropezando en las piedras de la antiquísima parroquia de San Andrés; pero como por arte de magia todos los granos se volvieron a su ser, volviéndose una unidad, una vida humana.

 

             Por eso la vida humana funciona en virtud de un dispositivo de designios, y de un dinamismo superante de obstáculos y originador de valores. De no ser así, la vida del hombre no hubiera rebasado niveles elementales, ni conseguido hacerse memorable históricamente, como esta plazuela. Es decir, que no existe ninguna exacta ecuación entre los productos valiosos de la vida y las circunstancias apremiantes que la rodean. Y gracias justamente a esa capacidad de inadecuación y de superación, consiguen ciertas personas, como en el caso de nuestro visitante, acceder a las cimas de lo digno de memoria.

 

           El visitante comprendió que el reagrupamiento de los granos en la granada era porque sólo la presencia en común dimanada de la realidad objetiva permite el diálogo, el lenguaje comprensivo y universal, la comunicación entre los hombres y entre los pueblos. Porque no existen emociones ni sentimientos puros, sin referencia a un objeto, en este caso la Plazuela de San Andrés.

 

           Y de esta plazuela salió su voz diciendo:

 

         Yo soy la compañera de quien me recuerda

 

         Y el visitante respondió:

 

           Lo que es realmente importante es que salvaguardemos esa pequeña porción de ti, en todos nosotros los visitantes; debemos defender tu morada nosotros mismos hasta el final nunca te apartaré de mi memoria

 

         Y el visitante sueña y canta: Al todo y a las partes, al universo y a cada una de sus criaturas; la criatura puede ser un hombre, una civilización, una biblioteca, una costanilla, una plazuela. Me distrae un sueño cualquiera y de pronto sé que es un sueño. Pienso –dice el visitante – que éste es un sueño, una diversión de mi voluntad, y ya que tengo un ilimitado poder, voy a cruzar toda la plazuela

 

         Y el visitante sueña y canta; pese a desilusiones. La misión y el mensaje del visitante no se le escaparán al lector que sepa cuándo un sueño es un sueño y que tenga oído para recordar las melodías que produce este lugar de secretos.