Ricardo Bellés

Madrid

rb.ricardobelles@gmail.com

 

 

PLAZUELA DEL ALAMILLO

 

 

                     Como si fuera un pequeño estanque árabe, la Plazuela del Alamillo recibe para su nutrición, la energía de unas pequeñas acequias que van a dar al centro de su corazón, que son: el Callejón del Alamillo, la Calle de la Morería, la Calle del Toro y la Calle de Alfonso VI; energía que también absorvió el árbol que estaba plantado al extremo de la plazuela, de ahí su nombre: Alamillo.

 

                   El visitante centrado en la plazuela, descanso de los azares de la vida, cierra los ojos y escucha como se deslizan las aguas de las pequeñas acequias, que eran como espadas desenvainadas que se deslizan como serpientes; la plazuela brillaba como una joven desposada, imagen del jardín soñado y prometido: ¡habrá en él arroyos de agua clara y virgen, habrá en él arroyos de vino, habrá en él arroyos de depurada miel! Aparece el agua como vibración que recorre y fecunda la memoria, como mente sinuosa que es la expresión de una naturaleza ondulatoria y cambiante, como la Historia.

 

                   Nunca olvida el visitante que, aunque sea lícito el goce de “la vida de aquí”, esta es concebida como una transición hacia la otra vida. La existencia terrenal será siempre para el visitante, ilusoria y abocada a la desaparición, como un continuo en permanente mutación; la naturaleza del agua expresa muy bien esa cualidad inconstante y mudable.

 

“La sombra del alamillo cae sobre las piedras de la plazuela.

Las acaricia, pero ni una sombra de polvo se levanta;

en el fondo del imaginario estanque se refleja la luna,

pero el agua por sus rayos no se conmueve.”          

 

                    

                     Figuras de pájaros y florecillas que se asoman entre las ramas del reiterado jardín de piedra: la Plazuela del Alamillo. En ella vemos dos personas sentadas uno a la manera occidental, ¿será el visitante?, otro en la posición del loto, esta imagen nos muestra la coexistencia de diversas actitudes y modelos culturales en una equilibrada convivencia.

 

                   Plazuela, callejón, calles, árbol forman un conjunto unificado armónicamente integrado en el medio natural. No olvidemos que la Plazuela del Alamillo está justo en el corazón del barrio (aljama) de la Morería y que sus antiguas casas de miradores y celosías conformaban todo un repertorio dirigido tanto el disfrute del paisaje como a la creación de espacios íntimos y privados. Si el hombre fue creado en un jardín, también otro jardín, aunque sea de piedra, será el premio de los que sigan “el camino recto”.

 

                      Los temerosos de Dios estarán entre

                             jardines, acequias y plazuelas.